Convivencia de estudio en Parres (Enero 2010)

Estudio en Parres

Hay momentos en la vida de un estudiante que, inevitablemente, llegan; a unos les pilla por sorpresa (aunque no es nuestro caso, queda demostrado), y a otros les da tiempo incluso a prepararse. Efectivamente, llegan los exámenes. Para afrontar ese desdichado periodo, nos hemos ido un fin de semana de enero a Parres, a la casa del hermano de Willy, a chapar como solemos acostumbrar. El temilla empezó bastante en serio, ya que a las 11 de la noche, Manuel N. propuso sacar un horuca de estudio, para sorpresa de Luís G. ("pero,pero,... ¿en serio?"). La primera noche no solo hubo que combatir contra los apuntes; la verdadera batalla se libró después contra un elemento casero que abunda por estos parajes: teníamos altas posibilidades de ser devorados por las moscas, o lo que es peor, que devorasen nuestros apuntes. Para evitar catástrofes se formó con rapidez el Comando Petaca encabezado por el mariscal Suárez Noriega y respaldado por el coronel Noval Pato. Tras largas y duras batallas, salimos victoriosos (por la cuenta que nos traía, sino preguntad a Manuel o a José R. cómo estaba su habitación).

Al día siguiente chapamos de lo lindo: cuatros horitas por la mañana hasta la hora de comer. La comida estaba a cargo del chef Willy, que nos preparó unos deliciosos spaghetti con queso. Durante la comida, Fran D. comentó, ante la incrédula mirada de Alberto F., que la mañana  le había cundido bastante. Por la tarde el mismo plan, estudiar y estudiar. Antes de cenar, Ángel V. propuso salir a dar un paseo por el pueblo (nos costó más bien poco tiempo saber que estaban de fiestas). Después de cenar nos pusimos a ver la segunda parte del Barsa-Sevilla (con previa hora de estudio, por supuesto): "un partido marcado por las decisiones arbitrales" afirmaba Alberto F. Otros, como Gustavo o Willy, optaron por retirarse a sus aposentos.

El domingo más de lo mismo: nos acercamos a oir Misa a Llanes (como el día anterior), desayuno y a darle a la neurona. Ya por la tarde, decidimos que lo mejor era regresar a nuestras casas (más que nada porque al día siguiente había que currar) para poder manisfestar cuánto se puede estudiar durante un fin de semana. El resultado: un sin fin de horas.